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"Los exiliados somos la piedra del zapato de la derecha y de la Concertación"

lunes 30 de mayo de 2011 Chile sigue siendo una nebulosa para quien no conoce el difícil proceso que sucedió al fin de la dictadura de Augusto Pinochet. Para los exiliados es una herida tan abierta como lo están los problemas estructurales del país. Esta es la voz de José Eduardo Mora después de 36 años de exilio y lucha.

"La democracia bebe de la dictadura: se mantiene la Constitución Político Militar, de 1980; el Estado es policiaco-represivo; existen Tribunales Militares que juzgan a civiles; la Ley Antiterrorista sigue vigente, se siguen utilizando testigos sin rostro..."

Por Paco Gómez Nadal

Hay energías que están dentro. Sólo hace falta una rampa, un proceso, un contexto, para que salgan. Y a José Eduardo Mora Sánchez le comenzaron a brotar a los 14 años, cuando comenzó a considerarse un “luchador social”. “No soy un teórico”, se disculpa José Mora, pero hay que tener mucha teoría para meterse así a la práctica, para hacer la revolución a costa de la vida propia, de los recuerdos, de las amistades, del aliento.

El 21 de septiembre de 1973 a José Mora le faltaban 22 días para cumplir 29 años y ya habían pasado 10 días del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. El 21 de septiembre de 1973 el tiempo se le paró a José Mora. O se aceleró sin remedio… que esta metáfora es precaria y, casi, antagónica.

El funcionario de la oficina de personal del hospital 'Ramón Barros Luco de Santiago', el demócrata cristiano Pedro Reyes, fue delatando uno a uno a los militantes de izquierdas que allá laboraban. Mora, Técnico en Prevención de Riesgos en esa época, fue uno de los que cayeron ese día interminable en manos de los militares. Y ese día se extendió casi dos años. Prisión, tortura y, durante meses, desaparición que se consumieron en la Fuerza Aérea de Chile (FACH) en San Bernardo, después en el trágico Estadio Nacional (donde una casualidad televisiva le hizo recobrar el rostro y el nombre… y quizá la vida), más tarde en la Cárcel Pública, en Capuchinos, en Tres Álamos… El recorrido del terror terminó el 7 de septiembre de 1975 y ese día comenzó el otro tiempo suspendido, el del exilio en Panamá que dura ya 36 años.

Su voz hoy es tan importante como cuando era un activo estudiante de la Universidad Técnica del Estado y militante revolucionario en los convulsos principios de los 70. José Mora habla, aunque asegura que algunas de sus palabras pueden ser incómodas. Otramérica lo escucha porque la verdad de cada cual nunca puede ser incómoda, sino necesaria.

¿Considera que se ha hecho justicia sobre las violaciones de Derechos Humanos en Chile durante el golpe de Estado y la dictadura?

No. Antes de asumir el primer gobierno “democrático” se negociaron muchas cosas: no tocar la Constitución de Pinochet; impunidad por 50 años para los asesinos y violadores de los Derechos Humanos; no investigar las denuncias contenidas en el Informe Valech. 

¿Qué tiene de bueno y de malo el olvido?
 

Olvidar en política es permitir que hechos deleznables como las dictaduras se repitan cíclicamente, y el pueblo afectado por el golpe de Estado jamás podrá olvidar la bestial dictadura de Pinochet. Hemos visto que varios concertacionistas han olvidado por un muy bien rentable status, afortunadamente son los menos.
 

En Uruguay, Pepe Mujica no está de acuerdo con eliminar la amnistía para los militares que participaron en la dictadura de aquel país ¿Por qué cree que alguien como él mantiene esta postura?

Tratándose de un ex Tupamaru, debería luchar por la condena a los delitos de lesa humanidad; pero parece que se trata de otro guerrillero que devino en Conservador, como en otros lares.

¿Cuál considera que es el objetivo real de exhumar ahora los restos de Salvador Allende?

Es sorpresivo, pero realmente no creo que vaya a cambiar en algo la situación, se sabrá con certeza que fue asesinado, por la naturaleza de los militares chilenos; pero quiénes fueron los responsables, dudo 
que lo sepamos nunca. 

¿Qué papel, desde su óptica, jugó Allende? ¿Se pudieron hacer las cosas de forma diferente?

En general la situación era del tenor siguiente: el país estaba convulsionado con las tomas de fábricas que sus dueños abandonaban y el control obrero era responsable de la producción. En mi opinión, era una situación pre-revolucionaria, a pesar de los recursos con que contaba la derecha, nunca pudieron paralizar el país. El pueblo era el que tenía un papel protagónico, los dirigentes de la Unidad Popular (UP) tenían eternas discusiones, y nunca asumieron sus responsabilidades y  hasta el último momento no habían definido la política económica del Gobierno.

La gran mayoría del pueblo estaba con Allende. A pocos días del golpe pusimos un millón de personas en la calle.

¿Cuáles son las herencias aún hoy de la dictadura de Pinochet?

Se mantiene la Constitución Político Militar, de 1980; el Estado es policiaco-represivo; existen Tribunales Militares que juzgan a civiles; la Ley Antiterrorista sigue vigente (véase cómo se aplica a los mapuches o a líderes sociales); se siguen utilizando testigos sin rostro; el sistema electoral es Binominal, el pueblo vota pero no elige; sigue habiendo parlamentarios de a dedo, y, en la práctica, no hay participación de la Sociedad Civil en la vida política del país.

¿Cree que Chile aprendió la lección?

Por los vientos que soplan, diría que sí. Las protestas van in crescendo, seguimos viendo marchas donde las consignas se repiten sobre todo la de “crear, crear poder popular”. La gran tarea es la de unificar al pueblo.
 
 


¿Qué significa para usted la llegada de Piñera al poder?
 

Aprovecharé la pregunta para decirle porqué perdió la Concertación y esas son las razones por las que ganó Piñera: corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, eliminación de revistas que les habían servido de apoyo para triunfar, divorcio total y absoluto del pueblo que los eligió, dándoles la espalda y burlándose de los sueños y esperanzas de todo un pueblo...
 

Los exiliados chilenos... ¿qué son para Chile: una obligación moral, o una cicatriz que se desea olvidar?

Los exiliados somos la piedra en el zapato para la derecha y para la seudo izquierda de la Concertación. A tal punto que todos los dirigentes de la Concertación que salen al exterior evitan reunirse con los exiliados. No quieren a nadie que les dañe la fiesta. En vez de ser tratados como luchadores sociales, nos tratan como los culpables del golpe…

¿Cuál ha sido el trato a los mapuche, una vez recuperada la democracia?

Se lo explico con algo de historia: “La pacificación de la Araucanía significó para el Estado la anexión de casi 5 millones de hectáreas y para los mapuches la reducción, al menos, del 5% de lo que fue su territorio ancestral (…) con la reducción territorial, alrededor de 40 mil mapuches no fueron radicados en territorio alguno. El mapuche fue obligado a subsistir en pequeños espacios de superficies, inferiores a 6.18 hectáreas por persona promedio”. Así, la pacificación consolida la usurpación desconociendo los derechos de posesión y propiedad del pueblo mapuche a sus tierras ancestrales. En consonancia, reconoce títulos de propiedad fraudulentos a los nuevos colonos y viejos terratenientes. Y qué pasó en “Democracia”. Pues más de lo mismo, agravándose en el último Gobierno de Bachelet (Ver recuento).

¿Qué opina de la golpiza dada a un carabinero en la protesta del viernes 20 de mayo contra el proyecto de HidroAysén?

Este hecho ha sido muy publicitado por el sistema mediático chileno al servicio del capital. Mucho peor lo pasaron los mapuche muertos por la espalda y la gente que cotidianamente debe resistir las balas, balines, bombazos al cuerpo (a una muchacha universitaria le tiraron una bomba lacrimógena al rostro). Con la misma prominencia deberían repetir esa escena “tan tierna donde un paco [policía] patea a una mujer mapuche en la cara y, como si fuera poco, la siguen pateando en el suelo”. Y a nadie le provocó el espanto actual, tampoco nadie protestó. Qué decir de los mapuche que fueron asesinados por la espalda y otros, todo con total impunidad y anuencia gubernamental.

Si un pueblo es satanizado porque protesta pacíficamente reclamando sus derechos conculcados; si es demonizada la sociedad civil; si es atacado por las fuerzas armadas, con asesinatos, con bombas disparadas al rostro y con virulencia como si estuviéramos en plena dictadura, me pregunto: ¿A partir de qué momento, es legitima la defensa?

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